Pájaro sin alas Noches oscuras, hondas, profundas... La oscuridad tiene el encanto de acercar ruidos lejanos y agrandar pequeños. Ha llovido, me enlodo. Mi memoria recula, recula hasta encontrar mi alma de niño. (La oscuridad se presta para eso). Soy un pájaro sin alas, y no me caigo porque me agarro del aire. ... Picoteando El aire se come tu suspiro, y a ras del cerro el último chispazo del sol. La tarde termina en el negror de tus ojos. El amor picotea: es un pajarito con ganas de cantar. ... Y lo sabe El viento no puede atajar un sueño. La noche se hace luz para el pensamiento. Yo vivo aquí pero pienso allá... Y mi pueblo lo sabe. Humberto Ak`Abal (1952-2019)
"El fragmento lírico Kubla Khan (cincuenta y tantos versos rimados e irregulares, de prosodia exquisita) fue soñado por el poeta inglés Samuel Taylor Coleridge en uno de los días del verano de 1797. Coleridge escribe que se había retirado a una granja en el confín de Exmoor; una indisposición lo obligó a tomar un hipnótico; el sueño lo venció momentos después de la lectura de Purchas, que refiere la edificación de un palacio por Kubla Khan, el emperador cuya fama occidental labró Marco Polo. En el sueño de Coleridge, el texto casualmente leído procedió a germinar y a multiplicarse; el hombre que dormía intuyó una serie de imágenes visuales, y, simplemente, de palabras que las manifestaban; al cabo de unas horas se despertó con la certidumbre de haber compuesto, o recibido, un poema de unos trescientos versos. Los recordaba con singular claridad y pudo terminar el fragmento que figura en sus obras. Una visita inesperada lo interrumpió y le fue imposible, después, recordar el ...
Sólo escribo para dar forma a lo que se me ocurre conservar de la vida. El primer borrador lo escribo como yo esté, triste o feliz, pero en sucesivas versiones del mismo texto voy mezclando y probando los dos jugos, el de la tristeza con el de la felicidad, hasta lograr la combinación que me sepa mejor. La verdad es que yo sí quiero decir lo que quiero decir. A quien pretendo complacer antes que a nadie es a mí misma. Además, no me conformaría con gustar a Shakespeare, Cervantes, Malcolm Lowry, Borges, Monterroso, ni a ningún otro genio, sino que aspiraría a encantar igualmente a mi tía y al zapatero de la esquina. No sólo en alguna ocasión he dado “presión arterial a las comas, rayos ultravioletas a los puntos, mermelada a los paréntesis”. Me pasa lo mismo con el punto y coma, los dos puntos, los puntos suspensivos, los signos de interrogación y de admiración, los corchetes, la llave, el asterisco, las comillas, el guión, la raya, en fin, puntuar para mí propicia el tono, ...